Enrique Peña Nieto, desestimó dialogar con un sector de la población que exige defender el derecho a la educación pública, universal y gratuita. Prefirió reprimir.
Enrique Peña Nieto, en su función de titular del poder ejecutivo y jefe de las fuerzas armadas, es el responsable directo de la represión registrada el domingo 19 de junio de 2016, en Asunción Nochixtlán, San Pablo Huitzo y en la Ciudad de Oaxaca. El Secretario de Educación, el Secretario de Gobernación, el ejército y las distintas corporaciones policiacas federales se encuentran bajo su mando directo, no pueden actuar sin su consentimiento.
Él lo sabe muy bien, al grado que el pasado 6 de abril, le dijo a su gabinete: “No se confundan…No se equivoquen…El Poder Ejecutivo es unipersonal…Las decisiones las tomo sólo yo…Ninguno de ustedes pueden tomar decisiones por su cuenta…Si no saben, mejor pregunten, para que no se equivoquen”
La decisión de Enrique Peña Nieto de reprimir a la población, ocasionó la muerte de 8 personas, la desaparición de 22 y 45 personas heridas de bala.
En un país democrático los hechos del domingo pasado, serían suficiente para destituir a Enrique Peña Nieto. El artículo 86 de la Constitución, establece: “El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia.”
